Hielos endulzantes dentro de la perpetuidad del alma
Navegan como zorzales muertos en un río
En destinos eternos destino
Es aquella búsqueda da dolor a la infinidad de deseos palpantes
De nuestros locos cuerpos comedores de vida y excrementos.
Y siendo un trémulo en la nada de los corazones olvidados
Que no tienen vida ajena de los que no piensan
Y son las sombras de los pensantes, luchadores y ganadores
De las ganadas guerras, entre corazones y espadas sangrantes
Con grietas tan profundas y alientos de muertes de otras vidas.
Ellos siendo seguidos por inmortales escritos
Ilusiones sublimes a los ojos, y a sus mentes
Que arden con pólvora, en su conciencia acabados y acantilados
En los enigmas de la vida.
Pobre de ellos que tarde o temprano los van a destruir
Aquellas copias de sus enemigos
Aquellos pobres clones
Que no son más que un ejemplo de lo que es la vida de un mortal.
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